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Mi abuelita y yo

(Este texto es de mi hijo Sergio,
que lo ha publicado en su blog
Trazo, línea, mancha)

 

faro

 

El pasado domingo 29 de junio falleció la que, desde siempre, ha sido como una segunda madre para mí.
Mis padres se separaron siendo yo muy pequeño y durante una buena temporada estuvimos viviendo en su casa, con ella y mi abuelo.
Este último y mi madre siempre estaban trabajando, así que mi abuelita, que era como la llamaba, y yo pasábamos mucho tiempo juntos.

Ella jugaba conmigo, me enseñó a montar en bici, y a veces se enfadaba un poco porque le pintarrajeaba los muebles o pegaba arañas de plastilina en las puertas, cuando jugaba a ser Spiderman.

Mi madre y mis tíos siempre me han contado que con ellos era diferente, toda una campeona en el lanzamiento de zapatilla, pero conmigo tenía una paciencia infinita y jamás me pegó. Bueno, una vez me dio unos azotes, pero me lo busqué yo solito, por tirarme a una piscina sin saber todavía nadar.

Recuerdo, sobre todo, los largos veranos que pasábamos en un chalé que tenía mi abuelo y que, años después, cuando se jubiló, acabaron vendiendo.

Yo pasaba la mañana acosándola para que me hiciera caso mientras ella barría, hacía las camas y preparaba la comida. Era un ama de casa ocupada, pero, al final, siempre conseguía arrastrarla hacia la piscina (aquella a la que me tiré y de cuyo fondo me rescató mi tío Jose) donde jugábamos a que ella era un pulpo y me atrapaba con sus piernas.

También recuerdo cuando fuimos a comprar su casa, en la que murió en su cama, rodeada del cariño de los suyos, y cómo me gustó, en cuanto la vi, la enorme terraza en la que he jugado tantas y tantas horas.

Aunque en sus últimos días apenas nos reconocía y estaba muy desmejorada físicamente yo siempre la recordaré tal y como está en la fotografía en la que aparecemos los dos y que se tomó, imagino, durante algunas navidades, siendo yo un crío.

Y esto es así porque, cada vez que la veía, por muchos años que hubieran pasado, yo siempre me sentía a su lado como un niño feliz.

Te echo mucho de menos, abuelita.
Mucho.

Tu marcha hace que me duela el corazón, pero ni todo el dolor del mundo es comparable a lo enormemente afortunado que me siento por haberte conocido.
Gracias por haber estado siempre a mi lado.

 

 

 

Colaboraciones periodísticas anteriores:

laverdad

Camino a la utopía

Artículos periodísticos publicados semanalmente en el diario La Verdad de Albacete,
desde noviembre del 2008.

rayita

El Faro

Artículos de Rosa Villada publicados en la revista hellinera La que Faltaba, desde mayo del año 2009 a diciembre de 2010.